El protocolo y las fiestas populares: Santa Tecla

Protocolo fiestas popularesEl concepto de protocolo, aplicado habitualmente al ceremonial del poder, a la diplomacia y las relaciones entre estados, es presente en muchos otros ámbitos de nuestra sociedad, especialmente en aquellos en los que se regula el comportamiento de un colectivo y de las personas que lo forman ante una situación determinada.

De esta manera, podemos afirmar que el protocolo festivo es la descripción de la estructura de una celebración que delimita el papel que juegan todos los elementos que participan en ella y define, con mayor o menor concreción, sus pautas de comportamiento en la fiesta. Pero también podemos hablar del protocolo de los elementos festivos en relación a las pautas de actuación que éstos tienen en sus apariciones en público, dentro del propio marco de las celebraciones dónde participan. En la documentación antigua que hace referencia a fiestas populares y solemnidades aparece ya el concepto de orden, que regula unos elementos, en relación a los otros.

La Procesión de traslación del brazo de Santa Tecla 

Brazo de Santa TeclaLas Fiestas de Santa Tecla de Tarragona son una celebración que, por los elementos que la integran (estructura organizativa y arraigo popular) constituyen una manifestación de la cultura popular catalana de especial relevancia.

Son las más importantes de la ciudad y se celebran alrededor del 23 de septiembre, festividad de Santa Tecla y jornada central de la celebración. Esta fiesta goza de los reconocimientos de Fiesta Tradicional de Interés Nacional (1996) y Fiesta de Interés Turístico (2002) otorgados por el Gobierno de España. Por su parte, la Generalitat de Catalunya la clasificó como Fiesta Patrimonial de Interés Nacional (2010).

Así, el origen de estas Fiestas lo encontramos en la procesión que se celebró para recibir en la ciudad la reliquia del Brazo de Santa Tecla el año 1321 y que fue considerada la procesión más importante de las celebradas hasta el momento, tanto por la gran cantidad de personalidades como entidades que participaron en la misma.

La veneración de las reliquias de santos tiene lugar casi desde principios del cristianismo pero es a partir de la aparición de las monarquías feudales, en el s. XI, cuando las reliquias que se conservaban en tierras orientales pasan a convertirse en objetos codiciados por los reyes del mundo occidental, por su valor económico, pero también, y sobretodo, por su función simbólica.

 La Corona de Aragón llevó a cabo tres importantes operaciones para conseguir reliquias entre principios del s. XIV y el s. XV: el brazo de Santa Tecla, en Armenia, la cabeza de San Jorge, en tierras griegas y el cuerpo de Santa Bárbara, en el Cairo. Solamente fructificó la primera.

La procesión de traslación del Brazo de Santa Tecla destacó por la regulación hasta el más mínimo detalle de todo el ceremonial y protocolo  Desde el lugar que debían ocupar los distintos legados hasta el orden jerárquico o de precedencia pasando por el tratamiento que se debía dar a los asistentes.

La ciudad preparó un recibimiento fastuoso y vistoso, que sirvió como referencia para la posterior ordenación de la fiesta. Por primera vez en Tarragona, los diferentes estamentos de la ciudad (político, eclesiástico, militar y clase trabajadora) ocuparon la calle que se llenó de los nuevos bailes creados por los gremios locales, basados en algunos casos en la reinterpretación de los rituales pre-cristianos y cristianos.

En el estudio de la documentación que se encuentra depositada en el Arxiu Històric Municipal de Tarragona, encontramos muchas coincidencias entre la traslación del Brazo de Santa Tecla del s. XIV y las entradas de los arzobispos en el Antiguo Régimen (desde finales de la Edad Media hasta el s. XIX). Durante ese periodo, estas ceremonias siguieron un protocolo con muchas coincidencias; el lugar dónde se realizaba la entrada, los participantes, su ordenación, los actos que se organizaban con motivo de este importante evento en la ciudad, etc. Este ceremonial se ha ido repitiendo reiteradamente a lo largo de los siglos. Y si analizamos la actual procesión de Santa Tecla, vemos que también hay elementos que continúan invariables.

La trascendencia ciudadana que tuvo este acto llevó a la instauración de la celebración solemne de la octava de Santa Tecla a partir de 1359 y en la publicación de un documento clave para entender las fiestas: las “Ordinacions de Santa Tecla”, que el 26 de julio de 1370 estableció el arzobispo Pere Clasquerí a instancias de los cónsules de la ciudad. El texto equipara el nivel de la fiesta de Santa Tecla a la del Corpus, por lo que son consideradas fechas fundamentales dentro del calendario local religioso.

Uno de los aspectos más importantes de este documento es que marca la estructura de los actos de la víspera y el día de la patrona, una secuencia que se mantiene casi invariable hoy en día.

En las Ordenanzas de Santa Tecla, para el 22 de septiembre se establece el canto de vísperas en la catedral, epicentro de la fiesta, y la actuación de las danzas de los gremios por toda la ciudad, es decir, el Seguici que disfrutamos actualmente.

Para el día 23 de septiembre queda definida la ida a oficio con las danzas y con la Bandera de la Ciudad y las de los gremios, y también la salida de la procesión del Santo Brazo bajo palio, por la calle y precedida por los bailes. Un esquema que se conserva todavía hoy.

Además, las “Ordinacions de Santa Tecla” establecían la limpieza y la decoración de las calles de la ciudad y especialmente aquellos por donde debía pasar la procesión. Indicaban también la asistencia del clero en la procesión y la aportación de veinte velas con la señal de la ciudad que los cónsules del municipio sufragarán para iluminar el brazo. Desde hace años, se publica un Bando que insta a los ciudadanos a ornamentar sus balcones con banderas y colgaduras.

La estructura actual de los actos tradicionales es muy similar a la que hemos detallado anteriormente. Así, el conjunto del Seguici Popular aparece el día 22, vigilia de Santa Tecla, a las 19 h, con la Cercavila (pasacalle), que sale desde la plaza de la Font.

El día 23, festividad de Santa Tecla, a partir de las 9:30 h empieza la ida a oficio, desde la plaza de la Font. Al llegar la Bandera de la Ciudad a los pies de la Catedral, es saludada por los trmpeteros de la ciudad. Sigue su camino hasta llegar delante de la puerta de la Catedral, donde todos los grupos actúan conjuntamente. Después del oficio en la Catedral, todos los elementos y la Corporación Municipal vuelven a la plaza de la Font donde tiene lugar la tanda de actuaciones delante del Ayuntamiento. A partir de las 18:30 h desde la plaza de la Font empieza la ida a Procesión. Después de todo el recorrido, al llegar a la puerta de la Catedral, se realiza una actuación conjunta de todos los grupos participantes, siendo uno de los momentos más emocionantes y plásticos de toda la fiesta.

El Seguici Popular

La llegada a Tarragona de la reliquia de Santa Tecla supuso un punto y aparte en la celebración popular de la fiesta en honor a la patrona de la ciudad. El espacio público se convertía en el escenario de nuevos bailes protagonizados por los gremios locales que interpretaban rituales precristianos y cristianos.

El Seguici Popular es una institución con raíces que aparece en los siglos XIV y XV, en un momento en que cofradías y gremios juegan un papel muy importante en la vida social de una ciudad. Los entremeses eran representaciones populares, a menudo de carácter humorístico, algunas de las cuales originariamente comentaban o explicaban diferentes pasajes bíblicos. Es un conjunto de manifestaciones festivas en forma de figuras, danzas, castells, representaciones de teatro de calle, banderas, músicos de diversos orígenes y significación. Todos ellos recorren las calles y plazas, acompañan las autoridades en sus desplazamientos rituales, inician procesiones etc.

Además de los Gigantes, han llegado hasta nuestros días las Tarascas o Mulassa, la Cucafera, el Marraco o el Drac, entre otros. Los encargados del mantenimiento de estas figuras eran, en la Edad Media, los Gremios de los diferentes oficios.

Joan Salvat y Bové, historiador local, en su obra “Los Gigantes y Enanos de Tarragona y Protocolo Municipal” (1971) nos detalla como el orden que debían seguir a la hora de procesionar. Este mismo orden, lo encontramos recogido en las actas municipales del momento. A lo largo de los años, son diversos los arzobispos que muestran su malestar por la participación de los elementos festivos en las procesiones religiosas, especialmente a partir de finales del siglo XVIII, pero no llegan a desaparecer del todo en ningún momento.

A partir del 1381 se documenta el bestiario fantástico y popular. Las danzas de los gremios fueron el embrión del Seguici Popular. Con los años, se fueron incorporando progresivamente otros elementos hasta completar un espectacular Seguici Popular. A partir de 1385, aparecen los personajes bíblicos. Desde 1399, las figuras hagiográficas inanimadas. En 1402 aparecen los juegos o representaciones alegóricas y a partir de mediados del s. XV, los entremeses. Con la llegada del s. XVI se incorporan los bailes hablados (“balls parlats”) que completaran una estructura de fiesta que permanecería casi inalterable y sin grandes alteraciones hasta bien entrado el s. XIX.

A lo largo de su primera mitad del s. XIX, se definirá la figura de los castells y también su papel dentro de la celebración, hasta convertirse en un elemento esencial en las fiestas de Santa Tecla.

La segunda mitad del XIX supuso una nueva refundición de las fiestas. El ayuntamiento hizo una apuesta artística importante para sus elementos definidores en el Seguici Popular. Por otra parte, la pirotecnia adquiriría una mayor importancia en la fiesta. El “Ball de Diables” salía por primera vez en actuaciones independientes fuera del Seguici, en un claro precedente de la actual correfoc.

El siglo XX fue un periodo oscuro para las fiestas de Santa Tecla. En 1911 el Papa Pío X suprimió el carácter festivo de la fiesta, que se convertía en jornada laboral y no sería hasta el 10 de julio de 1917 cuando el papa Benedicto XV la restablecía a instancias del propio ayuntamiento de Tarragona.

La guerra civil de 1936 y la consiguiente posguerra relegaran a un segundo orden la fiesta de Santa Tecla. Pero con la llegada de los ayuntamientos apareció la reivindicación de las fiestas de Santa Tecla como la celebración de los tarraconenses y para los tarraconenses. La recuperación del Seguici Popular, casi reducido a la mínima expresión hasta entonces, el reencuentro con los toques manuales de campanas, la difusión de la propia fiesta, la diversificación de los instrumentos tradicionales, y también su aplicación, son algunas de las características de las fiestas de Santa Tecla actuales. El reencuentro de un patrimonio ciudadano que se inició con el uso de la calle como espacio lúdico.

El Seguici Popular de Tarragona asistía a las procesiones de Corpus y de Santa Tecla. Pero su presencia era también requerida en grandes ocasiones como la entrada solemne en la ciudad de un nuevo arzobispo, la presencia del rey u otras conmemoraciones excepcionales.

Hoy, el Seguici Popular es el conjunto de danzas, personajes bíblicos, bestiario, juegos alegóricos, entremeses y otros bailes que participan en las celebraciones ciudadanas y/o religiosas de Tarragona y que son consideradas como manifestaciones de la cultura popular y tradicional, formando parte del patrimonio cultural etnográfico de la ciudad de Tarragona.

El protocolo del Seguici Popular

Protocolo del Seguici PopularLa existencia de un protocolo que recoja las características y ordenaciones del Seguici Popular de la ciudad de Tarragona no es ninguna novedad. En los s.XIV y XV se produjeron problemas entre los diferentes gremios a la hora de colocarse en las comitivas o en el momento de sus actuaciones. En más de una ocasión, la autoridad municipal tuvo que intervenir para evitar males mayores. Entre los documentos depositados en el Arxiu Històric Municipal de Tarragona encontramos numerosas ordenanzas consistoriales que regían estos aspectos del protocolo festivo en cada momento.

En el desarrollo de las fiestas encontramos cortejos de bienvenida, desfile de caballeros, procesión de las órdenes religiosas, bailes de las cofradías o gremios, recorrido triunfal por la población o incluso el besamanos. No faltaban las luminarias o castillos de fuegos y juegos que normalmente cerraban las fiestas de recibimiento.

La fiesta era un reflejo de la sociedad del medievo donde cada cual tenía su posición, su orden jerárquico. Y así se preciaba en el Seguici Popular, o procesiones que se realizaban.

Sabemos que en la ciudad de Tarragona las procesiones de Corpus y Santa Tecla eran organizadas conjuntamente ente los poderes civil y eclesiástico y que era el Ayuntamiento quien invitaba a los diferentes estamentos, corporaciones y asociaciones a participar. Las entradas de los nuevos arzobispos siguen también este espíritu. Hoy en día, el Ayuntamiento invita, el primer día de las fiestas de Santa Tecla, a los representantes y miembros de los bailes y entremeses del Seguici Popular para participar en la fiesta, recordando los antiguos llamamientos que hacía el municipio dirigidas a los gremios que tutelaban el Seguici Popular entre los siglos XV y principios del XIX.

Durante el s. XV el Seguici Popular experimentó numerosos cambios que lo llevaron a la fijación de un orden y sistema de actuaciones que evolucionaría muy poco hasta principios del s. XIX y donde existía una harmonía perfecta entre les gremios y entremeses participantes. Con la desaparición de esta estructura socioeconómica, el Seguici Popular sufriría una importante restructuración.

A partir de mediados del s. XIX se establecía un nuevo orden que daba preeminencia al poder municipal y que se manifestaba claramente al encabezar el Seguici Popular aquellos elementos que eran propiedad de la municipalidad: Magí de les Timbales, Gegants, Negritos, Nanos. Les seguirían los bailes y danzas y las collas de castells.

Durante la postguerra franquista, los bailes, víctimas de prohibiciones y influencias foráneas, disminuyeron, llegando a desparecer en su totalidad. No sería hasta la llegada del primer ayuntamiento democrático que volverían a estar presentes en el Seguici Popular, igual que los grupos de música tradicional.

En la actualidad y en el pasado, hay hechos que cambian muy poco, como que el toque de las campanas sea anuncio de fiesta o la propiedad de determinados elementos festivos. Y otras que lo han hecho muchísimo como es el caso del paso de danzas pagadas o bailadas por los maestros de un oficio a grupos vinculados al asociacionismo cultural, o el orden de las procesiones, con la aparición y desaparición de bailes y danzas.

La fiesta es mucho más que un programa de actividades que concentra más o menos personas. Actúa como referente de identidad comunitario, siendo un vehículo de socialización por los individuos. No hay una receta única que establezca qué debe ser y, incluso, qué debe definir el protocolo festivo de una ciudad.

Con la recuperación de muchos de estos elementos del Seguici Popular, era el momento de volver a pensar en la redacción de un Protocolo del Seguici Popular. Éste, fue aprobado inicialmente en 1991 y ya ha sufrido diferentes modificaciones para irse adaptando a la realidad de cada momento, básicamente a la aparición de nuevos elementos folklóricos.

Un protocolo festivo del siglo XXI no es y no tiene por qué ser, ningún tipo de texto sagrado de una tradición. Sólo una herramienta de ordenación de una serie de elementos en el tiempo y el espacio festivo. Debe de asegurar la protección de las fiestas y de los elementos festivos de la ciudad, y dar respuesta en caso de conflicto o interferencia además de regular los buenos usos y las maneras de hacer en la fiesta.

El objetivo del protocolo festivo ha sido sintetizar el modelo festivo existente con sus referentes históricos y sus incorporaciones actuales. Aporta los elementos para una toma de conciencia sobre la importancia de todas las costumbres y manifestaciones festivas. Es pues una herramienta que puede ser muy útil para el desarrollo de la fiesta.  

Fotos: Propias, Marta Domènech

Artículo publicado en la Revista Protocolo n.68