Zapatero a tus zapatos

Cada vez me cuesta más poner distancia entre la parte lúdica y la profesional. Cuando se celebra un debate sobre las elecciones, ya no se trata de escuchar lo que dicen los candidatos sino cómo lo dicen. Y cuando asisto a un acto, sea el que sea, estoy más pendiente de los detalles organizativos, que de lo que está pasando. Muchos quizás pensaréis que me he vuelto una tiquismiquis pero ¡no puedo remediarlo!

Hace unos días asistí, por cuestiones de trabajo, a uno de estos actos y desde el momento que llegué al lugar me di cuenta que no podía ir bien de ninguna manera. Materiales que no estaban preparados porque nadie lo había controlado y, como consecuencia, una parte del acto no se pudo llevar a cabo. Condiciones meteorológicas que no se preveyeron aunque desde hacía horas eran evidentes. Invitados que debían dirigirse al público y nadie les debía haber explicado de quién se trataba ya que el discurso era inadecuado … Pero lo peor de todo estaba por llegar. Una personita (y no lo digo de forma despectiva, sino por su corta edad, unos 10 años) estaba llorando en un rincón. ¿Qué había pasado? Pues sencillo. Nadie tuvo en cuenta que una silla de ruedas no podía acceder al lugar donde se realizaba el acto! El tema da para mucho pero sólo quiero que sirva para que nos demos cuenta de que no todo el mundo está capacitado para organizar actos.

Todos sabemos que tenemos que hacer cuando nuestros hijos tienen un resfriado y a nadie se le pasará por la cabeza (o eso espero) abrir una consulta para atender a amigos, vecinos, compañeros de trabajo … A muchos de nosotros nos dicen que cocinamos muy bien, pero no por eso ahora decidimos montar un restaurante, ¿verdad? Y los que tienen un huerto urbano en casa, ¿se habrán planteado dedicarse a la agricultura?

Pues de la misma manera, un periodista puede ser un buen redactor, o el mejor en montajes audiovisuales, pero no por ello, debe ser experto en la organización de eventos. Del mismo modo que un técnico puede saber mucho de programación pero no organizar culturales. Sólo para poner algunos ejemplos.

Mientras no lo tengamos claro, continuaremos asistiendo a actos con errores. Algunos invisibles a los ojos de muchos pero no por ello menos importantes, pues creo que todo profesional tiene la obligación de buscar la excelencia en lo que lleva a cabo.

¡Ah, por cierto! Los llantos se convirtieron en lágrimas de alegría. El error se pudo subsanar al final del acto y por unos minutos, la personita se convirtió en co-protagonista gracias a los reflejos de algunas de las personas allí asistentes. Por suerte, seguramente no volverá a pasar por un trance igual ya que sólo se había roto una pierna, pero ¿y si fuera una persona con discapacidad permanente? ¿Cuantas veces se encontraría ante una situación similar? No podemos permitirlo, y los profesionales, ¡lo sabemos!